ANÁLISIS POSTJERÁRQUICO · 002
Cuando las reglas son comunes, la creación es múltiple
Análisis postjerárquico de Dalius Jonkus, «El fútbol como expresión de una civilización universal»
Los conceptos marcados con ? pueden explicarse sin salir del artículo.
Ensayo visual: «Cuando las reglas son comunes, la creación es múltiple» 12 páginas que recorren la universalidad, la inteligencia distribuida, la paradoja institucional y una arquitectura postjerárquica de decisiones. PDF · 12 páginas · ES ↗Texto analizado: Dalius Jonkus, «Futbolas kaip universalios civilizacijos išraiška», Literatūra ir menas, 3 de julio de 2026. Leer el original en lituano ↗.
Dalius Jonkus considera el fútbol no solo un deporte o un entretenimiento de masas, sino una forma de civilización universal. Personas de lenguas, religiones, tradiciones y experiencias históricas diferentes juegan al mismo juego, reconocen las mismas reglas y pueden apreciar la maestría de los demás. La cultura en la que surgió el fútbol moderno ya no es su propietaria: al ser adoptado por otras sociedades, el fútbol se convierte en un instrumento compartido de la cultura humana.
Es una tesis fértil. Permite separar la universalidad del dominio de una sola cultura y la diversidad cultural de la idea de mundos mutuamente cerrados. Sin embargo, una invita a dar un paso más. El fútbol también muestra cómo una base invariante compartida puede liberar la creatividad de participantes distintos y cómo la interacción descentralizada produce un resultado que ningún jugador podría crear por sí solo. La humanidad puede unirse no mediante formas idénticas impuestas a todos, sino mediante reglas comunes que permiten que contribuciones diferentes interactúen, se comparen y formen un resultado compartido.
El artículo y su contexto
Jonkus publicó su ensayo durante el Mundial de fútbol de 2026, cuando la ampliación del torneo reavivó las disputas sobre la calidad, la comercialización y la inclusión de selecciones menos reconocidas. Lleva la discusión a un plano filosófico: ¿qué nos dice la expansión mundial del fútbol sobre la propia civilización?
Jonkus sitúa el fútbol junto a la escritura, el dinero, la astronomía, la ciencia y la tecnología: formas que atraviesan fronteras étnicas y geográficas y pueden ser apropiadas por culturas diferentes. Las naciones pueden jugar con estilos claramente distintos y, sin embargo, participar en el mismo espacio de reglas e inteligibilidad mutua. Esto importa en una época en la que se sospecha que el universalismo oculta dominación occidental, mientras que las diferencias culturales se imaginan cada vez más como identidades cerradas. Jonkus rechaza tanto la identificación de Occidente con la humanidad como la idea de que cada cultura sea inaccesible para las demás. Una forma civilizatoria puede surgir en un lugar concreto sin seguir siendo propiedad de su lugar de origen.
Lo que Jonkus ve con claridad
La universalidad no es propiedad étnica
La idea más fuerte es separar la validez universal del origen cultural. El hecho de que un fenómeno haya surgido en una sociedad no significa que deba expresar para siempre únicamente la identidad o el poder de esa sociedad. La civilización está llena de formas descubiertas en un lugar, adoptadas en otro, modificadas y desarrolladas por muchas culturas. El origen explica la historia; no confiere una propiedad perpetua sobre el significado ni sobre el desarrollo futuro.
Un mundo compartido no exige una sola cultura
Jonkus parte de la intuición griega de un solo mundo: las mitologías y las lenguas difieren, pero se refieren a una realidad compartida. Es un contrapeso importante al relativismo radical. Sin una base común, las afirmaciones no podrían compararse ni ponerse a prueba y el diálogo intercultural se convertiría en monólogos paralelos. Sin embargo, un solo mundo no exige una sola cultura. La realidad compartida permite que perspectivas distintas se completen, corrijan y amplíen mutuamente.
El fútbol combina unidad y pluralidad de estilos
No existe un fútbol japonés o marroquí separado en el sentido de juegos mutuamente incompatibles, aunque equipos y regiones tengan estilos reconocibles. Las reglas comunes no borran esas diferencias: las hacen visibles, comparables y significativas. Si cada equipo utilizara sus propias reglas, no existiría ni un juego común ni una manera de reconocer la singularidad. La universalidad es una gramática compartida capaz de generar innumerables oraciones.
La participación depende de la capacidad, no del origen
En principio, cualquiera que desarrolle las capacidades necesarias puede participar. El valor de un jugador debería depender de su contribución y no de su nacionalidad, origen social o proximidad a un centro histórico. Por eso antiguas «periferias» pueden igualar o superar a los centros tradicionales. El estatus no garantiza una superioridad futura: la geografía de la competencia cambia continuamente.
Dónde debe ampliarse esta concepción
La difusión global no demuestra una justificación universal
Una forma puede difundirse mediante poder imperial, presión económica, dominio institucional o accidente histórico. Las estructuras comerciales, militares, educativas y administrativas británicas ayudaron a expandir el fútbol. Esto no reduce el fútbol a un instrumento colonial, pero obliga a distinguir cómo se difundió una forma de por qué las sociedades la apropiaron después de manera creativa. Un criterio más fuerte de universalidad es si participantes diferentes pueden adoptarla, modificarla y contribuir en condiciones de igualdad a su desarrollo.
Las formas universales se construyen colectivamente
Algunos ejemplos históricos son necesariamente simplificados. La escritura china no es un código de ideas puras independiente de la lengua; el dinero y la astronomía también tienen historias complejas y plurales. El punto principal permanece: los universales civilizatorios rara vez aparecen como invenciones acabadas de una sola cultura. Se forman mediante largos procesos de transmisión, adaptación y corrección. La universalidad no es solo una propiedad de un objeto; también es la historia colectiva de su desarrollo.
Las reglas del fútbol son universales, pero sus instituciones siguen siendo jerárquicas
El fútbol incluye también federaciones, propietarios de clubes, emisoras, patrocinadores, mercados de jugadores e intereses políticos. Las reglas sobre el terreno son iguales, pero las oportunidades de participar en las decisiones no lo son. ¿Quién define el formato del torneo, la sede, el calendario, los derechos de retransmisión y los flujos financieros? En estos asuntos el fútbol sigue siendo una jerarquía centralizada. Las reglas universales por sí solas no producen postjerarquía: quienes se ven afectados necesitan una vía legítima para deliberar sobre ellas y modificarlas.
El fútbol como modelo de orden postjerárquico
A pesar de sus jerarquías institucionales, el propio juego ofrece una analogía poderosa. Un equipo tiene entrenador, capitán y posiciones, pero un partido no puede controlarse mediante órdenes procedentes de un centro. Los acontecimientos cambian demasiado rápido. Cada jugador debe comprender el conjunto, interpretar las acciones de los demás y responder de forma autónoma.
El buen juego no aparece cuando todos ejecutan ciegamente un único plan ni cuando cada cual juega por su cuenta. Surge cuando la iniciativa individual se sincroniza con el estado del equipo. Un jugador sin balón crea espacio; un defensa anticipa el movimiento; el valor de una decisión depende de cómo reaccionen los demás. Esto es : la comprensión y la decisión no se concentran en un solo centro, sino que se forman continuamente en la interacción.
El fútbol revela cuatro principios: las reglas invariantes proporcionan una base común; la diferenciación de roles reconoce capacidades y funciones distintas; la competencia dinámica otorga autoridad situacional a quien mejor ve y aprovecha una oportunidad; y un resultado compartido hace visible el valor de las contribuciones a través de su interacción. El orden surge así de principios comunes y competencia distribuida, no de una centralización total ni de un individualismo caótico.
De la civilización universal a la civilización colectiva
En el ensayo de Jonkus, la civilización universal es ante todo una civilización de instrumentos compartidos, reglas comunes y una concepción compartida del mundo. La postjerarquía añade otro criterio: una forma universal no solo debe ser accesible a todos, sino permitir que todos contribuyan de manera significativa a su creación continua. La civilización se vuelve verdaderamente universal no cuando todos utilizan una herramienta creada por un centro, sino cuando ningún centro conserva el derecho exclusivo a definir su futuro.
En los sistemas de esto significaría principios transparentes de evaluación; evaluación anónima que limite la influencia de la identidad; derecho de todo participante competente a proponer una contribución original; competencia acumulada mediante el valor reconocido de la contribución y no por cargo u origen; visibilidad del acuerdo, el desacuerdo y la ; y conservación del resultado común como conocimiento disponible para el aprendizaje futuro.
Cómo deberían tomarse las decisiones sobre reglas comunes
La toma de decisiones postjerárquica debería desarrollarse en dos etapas. Primero, participantes competentes —jugadores, entrenadores, árbitros, médicos deportivos, organizadores y otros expertos— utilizan inteligencia colectiva para definir el problema, desarrollar alternativas y evaluar sus consecuencias para la calidad, la seguridad y el acceso. Después, quienes se ven directamente afectados —federaciones, clubes, jugadores, aficionados y otros grupos relevantes— eligen entre las alternativas preparadas profesionalmente.
Esto protege tanto la competencia como el derecho a participar. Los expertos no pueden gobernar solos todo el sistema, mientras que la decisión tampoco se reduce a un voto de popularidad desinformado. La misma arquitectura puede aplicarse a estándares tecnológicos internacionales, clima, patrimonio, migración, inteligencia artificial y recursos comunes de la humanidad.
Una universalidad que organiza la diversidad en lugar de destruirla
Jonkus muestra de manera convincente que el fútbol no es simplemente occidental porque su forma moderna surgiera en Europa. Las sociedades africanas, asiáticas y latinoamericanas no son consumidoras pasivas: lo transformaron, crearon estilos y desarrollaron jugadores y equipos sin los cuales el fútbol mundial sería inimaginable.
La lección más profunda es que lo común y lo diverso no son opuestos. Cuando las reglas son claras e iguales, las diferencias pueden convertirse en la energía creativa de un juego común. La humanidad no necesita ni una cultura que declare universales sus propias normas ni un mundo fragmentado en identidades incomparables, sino una arquitectura común en la que las experiencias se encuentren, sean evaluadas según principios universales y creen un resultado que no pertenezca a ningún centro único.
El campo de fútbol es un pequeño modelo de una civilización así. Sus límites son compartidos. Sus reglas son compartidas. Sin embargo, nadie puede crear el juego por sí solo. La civilización universal comienza con reglas comunes. La civilización postjerárquica comienza cuando, bajo esas reglas, aprendemos no solo a jugar, sino también a pensar juntos.
Cuando las reglas son comunes, la creación es múltiple
flowchart TD A["Expertos y participantes competentes refinan alternativas de reglas"] --> B["Las personas afectadas eligen las reglas comunes"] B --> C["Condiciones equitativas de participación"] C --> D["Culturas y experiencias distintas"] C --> E["Habilidades y estilos distintos"] C --> F["Aportes autónomos"] D --> G["Creación múltiple"] E --> G F --> G G --> H["Resultado compartido que no pertenece a un único centro"] H --> I["Civilización universal postjerárquica"] classDef process fill:#e9e5dc,stroke:#6f6d66,color:#191916 classDef diversity fill:#f4f1ea,stroke:#191916,color:#191916 classDef post fill:#f4f1ea,stroke:#a93b2b,color:#191916,stroke-width:2px class A,B,C process class D,E,F diversity class G,H,I post