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ANÁLISIS POSJERÁRQUICO · 013

¿Puede una institución del cuidado seguir siendo jerárquica?

Análisis posjerárquico del artículo de Renata Petrauskaitė-Juodeikė «Bestiarios posthumanistas para la amistad y los estruendos de la militarización»

Los conceptos marcados con ? se explican sin salir del artículo.

Una institución de arte contemporáneo puede abrirse al cuidado, la amistad, la alteridad y la cocreación sin modificar su centro decisorio. La ruptura posjerárquica no comienza cuando la jerarquía elige temas más sensibles, sino cuando los participantes adquieren una capacidad real para influir en el programa, la selección y la distribución de los recursos comunes.

Texto analizado: Renata Petrauskaitė-Juodeikė, «Posthumanistiniai bestiarijai draugystei ir militarizacijos gausmai» [«Bestiarios posthumanistas para la amistad y los estruendos de la militarización»], Šiaurės Atėnai, 21 de agosto de 2026.
Fuente: Šiaurės Atėnai
Ensayo visual: «Diseño institucional posjerárquico»13 diapositivas sobre el paso de la retórica institucional del cuidado a una capacidad realmente distribuida para influir en el programa, la selección y el uso de los recursos comunes.PDF · 13 PÁGINAS

EXPLICACIÓN BREVE · 1 MIN 19 S

¿Cómo funciona una verdadera institución posjerárquica?

Una institución no se vuelve posjerárquica solo porque adopte el lenguaje del cuidado. La transformación comienza cuando artistas, curadores, trabajadores, públicos y comunidades afectadas pueden intervenir en la formulación de los problemas y en la evaluación de alternativas dentro de un mismo entorno de inteligencia colectiva.

  • La competencia curatorial se conserva, pero deja de equivaler a un derecho exclusivo y permanente a decidir.
  • Las propuestas se evalúan independientemente del cargo, la fama o el estatus institucional de sus autores.
  • El resultado permite reconocer tanto las orientaciones más sólidas como los desacuerdos reales.
  • La dirección puede mantener la responsabilidad final, pero debe justificar públicamente su decisión.

Del hermetismo al cuidado

Renata Petrauskaitė-Juodeikė interpreta varias exposiciones recientes del Centro de Arte Contemporáneo de Vilna (CAC) como señales de un cambio en el pensamiento curatorial de la institución. Las imágenes de hermetismo, elitismo, conceptualismo y distancia que antes acompañaban al CAC ceden paso al cuidado, la generosidad, la amistad, la alteridad y la coexistencia.

La exposición internacional «Superglue, o cómo hacer un amigo» se presenta como el comienzo de una nueva etapa. Las figuras híbridas humanas y no humanas abren un espacio de imaginación posthumanista donde explorar la simbiosis, la coexistencia interespecífica y la : hacer-con otros.

«Campanas y cañones: arte contemporáneo ante la militarización» y «Las paredes son animales nocturnos» señalan otro cambio. Una institución que evitaba el discurso político directo responde ahora más explícitamente a la guerra, la militarización, el colonialismo y las formas invisibles de poder.

Contexto: una institución artística no es un contenedor neutral

Una institución artística no se limita a exhibir obras terminadas. Determina qué se hace visible, qué preguntas entran en la discusión pública, qué experiencias se reconocen y qué futuros pueden imaginarse. Por ello, un giro curatorial redefine la relación de la institución con artistas, trabajadores, públicos y realidad política.

El cuidado no es aquí mera benevolencia personal. Se convierte en una categoría curatorial vinculada a relaciones duraderas, vulnerabilidad y dependencia. La perspectiva posthumanista debilita también el mito de la persona autónoma y del autor solitario: la obra, la institución y el propio sujeto humano emergen mediante relaciones con otras personas, especies, materiales, tecnologías y entornos.

Lo que conviene preservar del artículo

La autora no idealiza ni la nueva curaduría ni el arte político. Pregunta si trasladar imágenes de guerra a la seguridad del espacio artístico las neutraliza, si la empatía se convierte en un conjunto diplomáticamente equilibrado de posiciones aceptables y si la crítica política acaba siendo un espectáculo estético y comercializable. Es un diagnóstico maduro: se puede criticar un sistema de poder dejando intacta su estructura.

¿Dónde termina el argumento de la autora?

Diagnóstico del artículo

El giro curatorial amplía la imaginación del cuidado, la amistad, la coexistencia interespecífica y la responsabilidad política, aunque persisten los riesgos de estetizar la guerra, neutralizar la crítica y admitir influencias políticas invisibles.

Prolongación posjerárquica

Debemos examinar no solo qué valores declara la institución y qué imágenes muestra, sino quién tiene derecho a fijar el programa, seleccionar artistas, definir perspectivas legítimas y distribuir recursos.

La bifurcación posjerárquica: un centro cuidadoso sigue siendo un centro

El cambio descrito es importante, pero ante todo es un cambio de programación curatorial. La institución elige hablar de cuidado, coexistencia, experiencias marginadas, guerra y poder invisible.

¿Quién tiene derecho a decidir que precisamente estos temas, artistas, obras y perspectivas políticas representarán el cuidado, la apertura y la cocreación?

Si la respuesta sigue siendo la misma —la dirección, los curadores y los profesionales elegidos por ellos—, la institución puede hacerse más sensible, abierta y audaz mientras su arquitectura decisoria permanece jerárquica. Un centro cuidadoso sigue siendo un centro.

Un contenido posthumanista o posjerárquico no crea por sí solo una institución posjerárquica.

Dos instituciones diferentes

Jerarquía cuidadosaInstitución posjerárquica
El centro elige un programa de cuidadoLos participantes influyen en el propio programa
Los curadores deciden a quién incluirLos problemas y alternativas se formulan de manera distribuida
Se invita al público a experimentar e interpretarEl público contribuye al conocimiento institucional
Se concede visibilidad a grupos marginadosLos grupos afectados codeterminan sus condiciones
La cocreación es tema de exposiciónLa cocreación es un modo de decidir
Se critica el poder externo invisibleEl poder selectivo de la institución se hace visible y verificable

ANÁLISIS EN VÍDEO · 9 MIN 29 S

La ilusión del cuidado

Un análisis visual de cómo una institución puede cambiar sus temas, su lenguaje y su imagen pública sin alterar la arquitectura que concentra el derecho a seleccionar artistas, definir prioridades y distribuir los recursos.

La participación del público todavía no distribuye el poder

El público puede ser invitado a entrar, tocar, escuchar, debatir o participar en actividades educativas. Esto reduce la distancia institucional, pero el visitante sigue entrando en un entorno ya diseñado, cuyo tema, límites, selección y vocabulario interpretativo fueron fijados por otros.

La contradicción observada en «Superglue» es reveladora: la exposición habla de proximidad y vínculos nuevos, pero no permite tocar las esculturas. El visitante cruza límites en la imaginación sin adquirir necesariamente poder sobre el sistema que los establece.

  1. Accesibilidad. La persona puede entrar y comprender el contenido.
  2. Participación. Puede reaccionar, debatir y participar en actividades diseñadas por la institución.
  3. Capacidad de acción institucional. Puede identificar problemas, desarrollar alternativas y configurar la orientación institucional.

Los dos primeros niveles también pueden existir en una institución jerárquica. La transformación posjerárquica solo comienza en el tercero.

La posjerarquía no es el gusto de la mayoría

Distribuir poder no significa confeccionar el programa mediante votación pública. La cultura no puede reducirse a una encuesta ni el valor artístico a popularidad; eso sustituiría la jerarquía por el dominio de la mayoría y los rankings de plataforma.

El arte necesita competencias artísticas, curatoriales, históricas, tecnológicas, sociales y éticas, además de perspectivas minoritarias inicialmente impopulares o difíciles. La posjerarquía no elimina la competencia curatorial: la separa del monopolio de la decisión.

El curador no desaparece. Su orientación se convierte en una alternativa profesionalmente argumentada dentro de una investigación colectiva más amplia. El valor de su aportación depende no solo del cargo, sino de su capacidad para reconocer problemas, direcciones artísticas y conexiones que otros no han visto.

Cómo podría funcionar una institución artística posjerárquica

El CAC u otra institución cultural pública podría mantener un entorno continuo de . Participarían artistas, curadores, críticos, investigadores, trabajadores, distintos públicos, comunidades afectadas y especialistas de otros ámbitos.

Los participantes evaluarían primero las ideas existentes y, si tuvieran algo nuevo que aportar, presentarían una propuesta clara, no redundante y original. La autoría permanecería oculta durante la evaluación. Este impediría que fama, rango o afiliación determinaran directamente el peso de una propuesta.

El entorno revelaría problemas desatendidos, nuevas orientaciones, creadores invisibles, perspectivas desplazadas, modelos alternativos de recursos y tanto acuerdo como razonada.

La decisión final no tiene que delegarse automáticamente en un algoritmo. Pero la institución ya no podría basarse solo en deliberaciones internas cerradas: vería un resultado estructurado y explicaría públicamente por qué lo sigue o se aparta de él. La responsabilidad curatorial se haría más verificable.

Posiciones políticas y límites epistémicos de un grupo cerrado

La influencia invisible no aparece solo cuando gobiernos, patrocinadores o socios exigen una postura. También opera cuando la institución no revela cómo seleccionó temas, obras e interpretaciones.

Un curador puede resistir sinceramente el conformismo político y seguir limitado por su entorno informativo y moral. Algunas perspectivas parecerán evidentes; otras, peligrosas, irrelevantes o poco contemporáneas. No tiene por qué ser corrupción: suele ser el límite epistémico natural de un grupo cerrado.

La inteligencia colectiva no solo aporta legitimidad democrática; amplía lo que la institución puede conocer. Permite comprobar si una exposición confirma un sistema político preseleccionado, qué posiciones razonadas faltan, si yuxtaponer conflictos los enriquece o neutraliza y si el desacuerdo del público revela ignorancia o una tensión moral real.

De la imaginación colectiva a la capacidad de acción colectiva

El artículo concluye proponiendo nuevos vínculos, ampliar la imaginación colectiva, aprender la alteridad, preguntar, disentir, resistir, escuchar y cultivar el cuidado. Sin imaginar otra realidad no pueden surgir alternativas.

ENSAYO SONORO · 20 MIN 19 S

Instituciones que cuidan sin soltar el poder

Una exploración sonora de la paradoja central del artículo: una institución puede cuidar sinceramente a sus públicos y, al mismo tiempo, conservar para un círculo estrecho el poder de definir qué importa, quién se vuelve visible y cómo se utilizan los recursos comunes.

Pero la imaginación colectiva aún no es capacidad de acción colectiva. Una institución puede invitar a imaginar un mundo sin jerarquías dominantes y excluir a las personas de las decisiones sobre su propio funcionamiento. Puede exhibir simpoiesis sin ser ella misma hecha-con otros.

Una institución del cuidado se vuelve posjerárquica no cuando el centro empieza a cuidar de los demás, sino cuando los demás adquieren capacidad real para influir en qué se cuida, qué se hace visible y cómo se usan los recursos comunes.

Conclusión: ¿quién decide qué dirá la institución?

Petrauskaitė-Juodeikė muestra convincentemente que el CAC empieza a hablar otro lenguaje: cuidado en lugar de distancia, entrelazamiento interespecífico en lugar del ser humano autónomo y compromiso con la guerra y el poder en lugar de distanciamiento político.

El análisis posjerárquico da un paso más. No pregunta solo qué dice la institución, sino quién decide qué dirá. Ahí reside la división decisiva entre un nuevo programa curatorial y un nuevo orden institucional.

¿Dónde aparece la bifurcación posjerárquica?